LAS HUELLAS DE UNA GUERRA QUE SIGUE VIVA

El Veterano de Guerra de Malvinas, Martín San Miguel, compartió sus recuerdos, emociones y enseñanzas en una charla con estudiantes, acercando una parte de la historia que todavía permanece en la memoria de muchos argentinos.

Por Escobar Rosario 6to 3era


El 13 de mayo de 2026 el aula permanecía en silencio mientras Martín San Miguel, veterano de la guerra de Malvinas se preparaba para ser entrevistado por estudiantes de la escuela secundaria N°18 "José Luis cabezas" en Berazategui, para el canal de YouTube 'Mateando con sexto'. Sentado frente al grupo, San Miguel empezó a compartir los recuerdos de una experiencia que marcó su vida para siempre. 

 

Al comenzar la entrevista los alumnos le preguntaron cómo se sintió al ser llamado para combatir en Malvinas y cuál fue la reacción de su familia, Martín explicó que su padre había fallecido cuando él tenía 11 años, y que solo estaba con su madre. Luego, al hablar de lo que lo mantenía con ánimos, recordó cómo esa fe en el Gauchito Gil lo sostenía, junto a una estampita que su madre le dio, pasada de generación en generación, sin dejar de lado las charlas con otros veteranos, las cuales también eran un apoyo fundamental para seguir adelante. Posteriormente, al ser consultado sobre su relación con los compañeros, y si seguían en contacto, Martín afirmó que sí, que se siguen viendo. Recordó con emoción que el 9 de mayo, en un año sin especificar, perdió a tres compañeros, y junto a ellos declararon ese día como "el Día del Veterano de Aviación de Ejército". Cada año se reúnen para recordar, presentarse a sus familias y sus nuevos hijos/nietos.


En la actualidad, Martín participa en grupos de veteranos y es el encargado del cenotafio de Malvinas. En el año 2008, fue designado para encargarse de la réplica del cementerio de Darwin en Berazategui, donde hoy descansan doce veteranos. La idea surgió en sus viajes, al ver cementerios similares en el mundo, y empezó a preguntarse por qué no había uno en Argentina. Así, se lo propuso al intendente Mussi, y logró que los veteranos, por primera vez, tuvieran un lugar propio. 


Después, a la hora de hablar sobre los valores, Martín destacó la hermandad entre los veteranos, la decisión de salvarse o dar ánimos y el profundo patriotismo.  

"Ponerse con el corazón y el alma, viendo cómo se canta el himno nacional en esas Islas, sabiendo qué, por ahí, lo cantabas y al otro día estabas muerto"- agregó. 

Durante el tiempo que duró el encuentro, cada anécdota mostró algo de lo ocurrido en la Guerra de Malvinas. En silencio, con sus manos libres de celulares, juegos o distracciones, los estudiantes escucharon cada palabra dicha por San Miguel.


Sobre el proceso de regreso y cómo fue recibido por la sociedad, Martín relató con voz firme que lo trajeron a escondidas, de noche. 


"Entramos por la puerta de atrás".


El Veterano de Guerra de Malvinas contó que pasó una semana internado, sin poder salir, y cuando finalmente lo hizo, le dijeron que no hablara. Relató que, aún en la democracia, no pudo conseguir trabajo, ya que eran rechazados, tildados de problemáticos o de estar locos. 

Además, señaló que, de las 649 bajas de guerra, se pasó a 1.500 suicidios.

  -Algo falló-, dijo, y cerró con una frase que resuena en su memoria: "Estuvimos en una guerra, pero continúabamos en otra". 


Más adelante en la charla, Martín contó qué sintió la primera vez que volvió a ver a su madre. En ese momento, hubo un silencio que invadió el aula. Recordó ese momento en la madrugada del 21 de junio. Había partido de Campo de Mayo, tomó un tren hasta Constitución, y luego otro hasta Ranelagh. Allí, se subió al colectivo 300A, verde, con su uniforme, su gorrita y un bolso. Le dijo al chofer: "No sé si me vas a creer, pero hace una semana volví de Malvinas y quiero ir a mi casa, y no tengo un mango". El conductor, con una sonrisa en el rostro, se salió de su trayectoria y lo dejó en la puerta de su casa.     

                                                                        

A las 3 de la mañana, golpeó la puerta. Su madre, creyendo que eran bromas de los amigos, le dijo que no hicieran chistes. Pero cuando abrió él, cuenta emocionado, con lágrimas cayendo sobre su rostro, dijo:  -Nunca voy a olvidar los ojos de esa vieja, el abrazo, fue algo muy lleno de amor que me quedó en mi corazón. Varios estudiantes bajaron la mirada,conmovidos por su relato. En silencio, escuchaban atentamente cada una de sus palabras. 

  

 -¿Qué querés comer?- Dijo su madre.

Entre risas, él le respondió:  "Vieja,¡Hacete unas milanesas con puré, a las 3 de la mañana!". Y así, cerró, diciendo que los valores más grandes que le dejó, fueron amar a los padres, porque, a pesar de todo, ellos vivieron lo mismo antes. Unos momentos más tarde, al finalizar la charla, los presentes lo despidieron con un cálido aplauso en reconocimiento a su testimonio.



Más allá de las cicatrices invisibles que la guerra dejó en Martín, su voz hoy resuena como un testimonio vivo. A través de sus recuerdos, de los abrazos, de las milanesas a las tres de la mañana, nos recordó que, aunque el país pareció olvidarlos, ellos nunca dejaron de buscar su hogar. Así, con cada paso, con cada recuerdo, nos invita a no olvidar la historia de quienes, después de la guerra, lucharon cada día por reencontrarse con sus raíces. Porque, aunque el conflicto terminó hace décadas, las huellas que dejó siguen vivas en la memoria de quienes lo atravesaron.


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